El descubridor de Ruidíaz que pudo cobrar su deuda ocho años después: “Ya había perdido la ilusión”

Como una ironía del destino, el entrenador de menores Máximo Chévez, especializado en las categorías entre 8 y 12 años, tuvo que esperar a que su deuda cumpla también ocho años de antigüedad para que por fin se haga justicia, de la mano de Embajadur Crema.

El profesor y docente, con estudios en Argentina y trayectoria en las canteras del Centro Iqueño y del club Regatas, llegó a Universitario en un momento de gloria. Corría el año 2000 y el primer equipo de la ‘U’ celebraba el tricampeonato. Por si fuera poco, las primeras camadas que tuvo a su cargo vencían a cualquiera que se cruzara en su camino.

“Campeonamos en todas las categorías”, recuerda con nostalgia Chévez, de 80 años, todavía con mucho cariño para los chicos que tuvo bajo su mando. Su memoria no demora en enfocarse en los jugadores más destacados de la categoría ’90, especialmente en una ‘Pulga’.

“Yo estaba dirigiendo el equipo A y un día el profesor del equipo B me pide un amistoso. Veo un pericotito, un ratoncito, pero con una habilidad increíble. ‘¿Y este chico?’, le pregunté al técnico. Me dijo que estaba hace unos meses. ‘Me lo vas a pasar’“. Así, Raúl Ruidíaz, a sus 11 años comenzó a ser dirigido por Máximo, en un traspaso en el que lo acompañó Josimar Vargas, ambos campeones con la U en el 2013.

La ficha de Raúl Ruidíaz, con 11 años, 29 kilos y 1.33 m. “Gran jugador creativo e intuitivo”.

Según detalló Chévez, en ese entonces Raúl jugaba como en volante. Incluso, sus apuntes muestran que podía ubicarse como lateral, pero el profesor le daba la confianza en la ofensiva. “Mostraba una técnica exquisita, con inteligencia y movilidad. Tenía la base para jugar en cualquier puesto y le fue fácil pasar a jugar más arriba”, destacó. Luego Raúl pasó a otra categoría y después estuvo fuera de la U, hasta que años más tarde el recordado Samuel Eugenio le volvió a abrir las puertas y lo puso en la delantera, dando origen a quien hoy se conoce como “El goleador de la calle”, el décimo máximo anotador de la historia del Club.

Además de Ruidíaz y Vargas, también estaban en el equipo otros jugadores que llegaron a primera división, como los “jotitas” Daniel Sánchez y Juan “Cutito” Zevallos. El buen ojo de Chévez se destacaba y conseguía frutos. “Los 10 años son una edad clave, allí aparece el talento, porque uno asume la concepción del juego, es consciente de las decisiones que se toman con el balón”, explica el formador.

Créditos: archivo personal Máximo Chévez.
Créditos: archivo personal Máximo Chévez.

La pasión de Chévez por la formación se refleja hoy en su minucioso archivo de fichas de cada categoría, donde anotaba los minutos jugados y la evaluación de los jugadores, cual libreta de notas. El vínculo con los niños se afianzaba con paseos a la playa o una salida al cine, con el apoyo de los padres.

Sin embargo, no todo era alegrías. “Solo en los dos primeros años hubo tranquilidad y solvencia. A partir del 2002 o 2003 comenzaron los problemas, nos pagaban por partes”, explicó.

Chévez asegura que era muy difícil trabajar en esas condiciones. “Los dirigentes entiende el sentido de lo que uno hace. Si trabajas con divisiones menores, lo haces con amor para que los chicos avancen hacia sus sueños… no ven ese aspecto. Por eso ahora las canteras no salen como tendrían que salir”, lamentó.

Fueron 12 años en los que ganó responsabilidades como coordinador, pero también tuvo intervalos fuera del Club porque la falta de pago lo obligaba a buscar otros caminos. La situación pareció cambiar en 2011 con la llegada a la presidencia del empresario Julio Pacheco, quien regularizó algunas deudas, pero en cuestión de meses todo volvió a la “normalidad”. Con algo de amargura, comenta que “la alegría duró poco”.

Un año después, aunque se convirtió en el jefe de la Unidad Técnica, el panorama era insostenible. “Veía el sufrimiento de los profes, no se podía hacer más. Cada tanto pagaban alguna quincena, yo luchaba para que caminen derecho, pero no podía exigir mucho. A veces les daban un sencillo y ya no quedaba para mí”, recordó. A sus 72 años, con el trajín a su salud de ir hasta la VIDU en Lurín, y con cinco meses sin cobrar, dio un paso al costado.

La categoría 2001, una de las últimas que dirigió en la ‘U’. Créditos: archivo personal Máximo Chévez.

El profe mantuvo vivo el reclamo y guardó todos los documentos, pero se llenó de promesas incumplidas por parte de la dirigencia. Tuvo reuniones en Indecopi para que la deuda quede asentada, aunque lo consideró una batalla perdida. “Ya ni me acordaba, había perdido la ilusión”, señaló.

La injusticia para el fruto de su trabajo acabó este año, cuando su hija, muy hincha de la U y seguidora de la actualidad del Club, le avisó sobre la iniciativa de Embajadur Crema. “¿Están pagando? No te creo…”, comentó con escepticismo. Averiguó y tomó confianza cuando vio que detrás del proyecto había ex jugadores de renombre. Reunió la documentación y finalmente se acercó a firmar a la notaría para recibir su dinero.

“Ahora que vi a los jugadores en persona, me parece muy bien. Les dije que la U necesita gente joven, con visión y formación”, añadió.

Chévez también se espantó con la posibilidad de que se rematen las propiedades del Club. “Campomar es una gran ventaja sobre el resto de equipos y puede llegar a ser algo fabuloso, como en otros países”, dijo.

En los últimos años, Máximo ha estado dedicado a su escuela de fútbol, Maxtrot, pero indica que la paralización por la pandemia lo “agarró mal parado”, con algunos cobros pendientes, por lo que el pago de la antigua deuda llegó en un momento urgente. “No andaba bien, los chicos son de familias muy humildes. La estaba luchando. Cobrar la deuda con Embajadur me ha traído un gran alivio. Tengo que agradecer, no sé si a Dios, pero me ha ayudado. Ahora quiero renovar la academia”, destacó con alegría.

Más allá de una bendición caída del cielo, en la tierra, fue el aporte de los hinchas lo que permitió hacer justicia con este gran entrenador. Chévez subrayó que la nación crema debe continuar su apoyo a la iniciativa: “Tienen que confiar. Los vi con mucho entusiasmo y seriedad. Si ellos se lo proponen, no solo van a cubrir la deuda, también van a llevar a la ‘U’ a ser un equipo de nivel internacional”.

Por último, adelantó quién podría ser la próxima estrella de Universitario, según su experimentado ojo: Jorge Agüero, volante de la categoría 2001 que ya ha sido invitado a entrenar con el primer equipo. “Ese chico va a dar muchas satisfacciones, acuérdate”, aseguró.

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